A pesar de que ambos estaban bajo presión, habían lograron
robar algunos momentos de tranquilidad aquí y allá para hablar, para apoyarse
en el mismo árbol, con sus cuerpos rozándose ligeramente uno contra el otro
mientras hablaban de su pasado. Era una sensación embriagadora para Yoochun ,
ser capaz de hablar con otra persona y hacerle comprender lo que estaba
pensando, a veces, sin tener que vocalizarlo. Se estaba dando cuenta, de que
Junsu, en realidad era el compañero para él. El chico tenía una suave aura de
tranquilidad a su alrededor y una firme inteligencia que Yoochun encontró ultra sexy. La forma en que se movía
era la seducción en sí misma, y se ponía aún mejor mientras los días pasaban y
su cuerpo se ajustaba a los cambios dentro de él.
Habían decidido correr juntos, ya que ambos compartían la
pasión por ello, sus patas largas hacían zancadas perfectamente a juego con el
otro. La única vez en que Yoochun se
atrevió a dejar a su lobo salir a jugar, y que había convencido a Junsu para
que hiciera lo mismo, encontró que se llevaban bien aun en ese momento. El de
Junsu era una forma más pequeña de lobo gris, una sub especie comúnmente
conocida como lobo del ártico. Su especie era lo suficientemente cercana a la
de Yoochun para que su propio lobo gris
disfrutara de salir a correr con él.
Yoochun sintió la
primera ondulación subiendo a la superficie, su pelaje volverse piel, cuando su
lobo lo sintió pensó en eso, y le estaba exigiendo su cuota de tiempo. En los
últimos días no le había permitido el control más de lo normal y estaba
empezando a sentirse frustrado. Gruñendo y levantándose sobre sus patas, lo
acechó, pero obligó a la bestia a retroceder. Por amor a Junsu, tenía que
enseñarle a controlarlo, para después enseñarle cómo dividir su tiempo entre el
lobo y el hombre.
Junsu se movió hasta pararse detrás suyo, su mano suave en
su hombro. ―¿Yoochun ?
La pregunta en su voz provocó un gemido en Yoochun . Había
pasado tanto tiempo desde que un hombre había estado tan cerca de él, demasiado
tiempo desde que había sentido el toque de otro en su piel. Lo deseaba, ansiaba
la sensación de dos cuerpos rozándose uno contra otro con pasión, de empujarse
profundamente en el cuerpo de otro hombre y sentirlo tensarse de placer. Aún
más que eso, él estaba llegando a ansiar el toque de Junsu; como jamás quiso el
de nadie.
Yoochun recordó el
día anterior, cuando había provocado a Junsu a pelear, había sentido la presión
del otro hombre intentando inmovilizarlo. Yoochun casi había cedido a las sensaciones que caían
sobre él y besado al chico, especialmente cuando sintió la presión de la
erección de Junsu contra su cadera. Luego había sentido el roce de pelaje
contra su piel cuando Junsu perdió el control de su cuerpo y el lobo se abría
camino a la superficie. Este hecho le permitió recuperar el control que tan
desesperadamente necesitaba.
―No es nada que tú hicieras, Junsu. La naturaleza solo está
pateándome el trasero en este momento.
El calor de su toque cambió, mientras deslizaba su mano por
la espalda de Yoochun , acariciándolo suavemente, tratando de tranquilizarlo
tanto como podía. Ladeando su barbilla para que descansase contra su pecho,
Yoochun cerró los ojos y luchó contra la
sensación de duelo. Egoísta-mente, quería disfrutar del toque de Junsu, pero por
la misma razón estaba negándole al lobo la misma cortesía. Y éste estaba
mordiendo y arañando por la injusticia.
Como una suave mariposa, los labios de Junsu se presionaron
contra su cuello, el indeciso toque fue más seductor que si hubiera bajado su
cremallera y tomado su polla en su boca. El aroma viniendo de él era diferente
que el de sus anteriores amantes, menos intenso, más seductor. El cuerpo de
Yoochun despertó con un rugido,
exigiendo todas las cosas que se había negado desde hace demasiado tiempo.
Quería apartar a Junsu, lanzarlo al suelo y mostrarle qué era lo que pasaba
cuando un lobo es tentado por lo que no puede tener.
Otro beso, esta vez en la suave piel de su hombro desnudo
donde su camiseta sin mangas terminaba. Temblando por la intensidad de sus
propias necesidades, Yoochun finalmente
se impuso sobre el lobo. Con un gemido, se instaló en el fondo de su mente,
observando, esperando.
Volteándose en sus brazos, Yoochun se encontró con la mirada de Junsu. Yoochun
podía sentir el ritmo del corazón del otro hombre aumentando, pero se
mantuvo a sí mismo inmóvil. Curioso, pasó su mano a lo largo del pecho de
Junsu, rozando ligeramente sobre su pezón a través del suave algodón de su
camisa. Pelaje ondulaba a lo largo de la piel de Junsu, apareciendo y
desapareciendo donde él acariciaba.
Una idea se formó en el fondo de su mente, una manera de
enseñarle control. Era arriesgado, pero si funcionaba haría más profundo el
vínculo que ya estaba sintiendo por el hombre. Con el tiempo rápidamente
corriendo en su contra, sabía que tenía que comenzar a tomar medidas más
drásticas. Junsu se merecía sus mejores esfuerzos, se merecía todas las
oportunidades en la vida, sin importar lo mucho que ambos pudieran resultar
heridos al final.
Retirándose, luchó para controlarse a sí mismo mientras
apretaba la mano de Junsu en la suya y lo conducía por el pasillo a su
dormitorio. Los suaves pasos de los pies del hombre más joven contra el piso de
madera enviaron escalofríos por su columna y causaron que su lobo gruñera.
Habían estado solos mucho tiempo.
Cuando llegó a su habitación, abrió la puerta y jaló al otro
hombre al interior, luego cerró la puerta. ―Desnúdate― Yoochun demandó mientras se movía hacia la cama. Sin
esperar a ver si obedecía, cruzó la habitación hacia su cama y arrastró un
trozo de cuerda de seda blanca desde un lado de la cabecera hasta el otro
extremo. Durante el apogeo de la luna llena los primeros meses Yoochun se había atado a sí mismo a la cama, decidido
a no dejar que el lobo consiguiera dominarlo.
Una vez que se había dado cuenta de que no era la luna lo
que llamaba al lobo, sino más bien sus propias emociones intensas, había
permitido al animal en su interior robarle el control, dejándose-lo. Ahora él
estaba haciendo la breve tarea de envolverla alrededor de la cabecera, lista
para las muñecas de un hombre, para las muñecas de Junsu. Detrás de él podía
oír el susurro de la ropa siendo desechada y aterrizando en el suelo.
Cuando se dio la vuelta se detuvo ante la belleza de la
forma masculina delante suyo. Junsu
estaba rozando los veinticinco, y ahora que había sido convertido, envejecería
a un ritmo mucho más lento. Estaba además en máxima forma física, ya que la
transformación aumentaba el tamaño de los músculos existentes, fortaleciéndolo
hasta hacerlo fácilmente tres veces más fuerte que un hombre mortal.
Con un ligero rastro de vello sobre el pecho, el cual le hacía ver más sexi,
y su perfecto largo de su erección era hermoso, destacando la blanca piel,
sonrojada por el flujo de sangre. Era perfecto, y sus rasgos no eran el ideal
moderno de lo masculino, su cara de ángel y su cuerpo hermoso me excitaban más
aún.
Sus ojos eran su mejor característica, profundos y llenos de
misterios por explorar. Yoochun quería
ahogarse en ellos, para saborear cada momento en que sus miradas permanecieran
enlazadas. El constante tic tac de su reloj de mesilla danzaba bordeando sus
sentidos, recordándolo que había un propósito más profundo para estar juntos.
Que antes de que el futuro pudiera ser considerado, ambos tenían que sobrevivir
al presente.
―Acuéstate en la cama ―Yoochun ordenó, y luego se aclaró la garganta por el
profundo tono áspero de su voz. Sonaba como si no hubiese hablado en meses,
cuando en realidad lo había hecho hacía menos de unos pocos minutos. Mientras
Junsu obedecía, Yoochun extendió un lado
de la cuerda. Cuando Junsu se acostó sobre su espalda, y le ofreció su delgada
muñeca, Yoochun sintió su pecho
apretarse. La confianza que podía ver en los ojos del hombre más joven lo
humillaba.
Incluso en la cumbre de su desesperación no había confiado
tanto en Seung Hun. Admiraba al anciano,
pero nunca había confiado en él ciegamente. Sino que había sido la compañera
del hombre quien había logrado que superara lo peor de todo, sosteniéndolo
hasta altas horas de la noche, con sus delicadas manos acariciando su cabello
mientras susurraba palabras sin sentido contra su cabello. La pérdida de
control había sido insidiosa, carcomiéndose la confianza en sí mismo, hasta que
ella le había transmitido algunos de sus propios sentimientos sobre el asunto, haciéndole
sentir menos solo. A diferencia de su compañero, ella también había sido
convertida de manera traumática. Seung
Hun, era todo clase y decencia dentro de su alma, había nacido de hombres lobo
y no sabía nada acerca del horror de que le arrebataran la vida, transformando
su propia existencia en algo que no reconocía.
Fue el recuerdo de esos momentos, tarde en la noche, cuando
fue sostenido contra una suave y fragante forma los que le dieron la idea de
cómo ayudar a Junsu. El hombre era, obviamente, muy sumiso, pero el animal
dentro de él no. Por lo tanto, tenía que haber una razón más allá de él para
mantener el control, y Yoochun iba a
dársela. Si esto no funcionaba, no tenía idea de que más podría intentar.
continuara
gracias mil gracias a todas las que dejaron sus comentarios aun que no es obligatorio y a los que no también ya que se tomaron tiempo de leer.
Que es lo que hara Yoochun para lograr que Junsu domine a su lobo interior?
ResponderEliminarCuriosidad, curiosidad!!! jajaja...
Cada vez ma emocionante.
Gracias.
junsu esta confiando en yoochun y yoochun ojala que pueda ayudar a junsu son el uno para el otro y si la compañera se seung lo apoyo el tambien podra a apoyar a su gracias por el capitulo
ResponderEliminarQue emoción ya me imagino como hará Chun para qué susu se tranquilice. Adriloveyou
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