Junsu
abrió los ojos y dejó escapar un gemido cuando miró el reloj al lado de la
cama. Uf, eran sólo las 6:30 de la mañana... en un domingo. ¿Por qué estaba
despierto tan temprano? No era justo que estuviera despierto tan temprano en un
fin de semana. Debía haber alguna ley que lo prohibiera en alguna parte.
Él
sonrió cuando sintió el brazo en su cintura que lo apretaba jalándolo hacia
atrás contra el cuerpo caliente de Yoochun. Yoochun tenía una mano enredada en
el cabello castaño de Junsu, la otra envuelta alrededor de su pecho. Acariciaba
el pecho de Junsu, incluso en su sueño.
Junsu
no podía creer lo bien que encajaban Yoochun y él. Después de sólo dos semanas,
estaban durmiendo abrazados juntos como si hubieran estado durmiendo así
durante años. Y Junsu no podía ser más feliz con eso... ni con la erección que
presionaba contra su culo.
Junsu
empujó contra Yoochun, moviéndose alrededor del pene del hombre hasta que Yoochun
se deslizó entre las mejillas de su culo. Sólo la sensación de la dura erección
de Yoochun cuando empujó contra su sensible entrada, fue suficiente para que Junsu
se pusiera duro. Bueno, ciertamente estaba bien entrenado y le había tomado
menos de dos semanas.
Con
una sonrisita en sus labios, Junsu se acercó y tomó el lubricante de la mesita
de noche. Abrió la tapa y roció algunos de sus dedos antes de dejar el tubo en
la cama. Levantando una pierna, se agachó para empujar un dedo en su agujero,
esparciendo el lubricante alrededor.
Una
vez que Junsu pudo conseguir meter tres dedos, los sacó y presionó la cabeza
del pene de Yoochun contra sí mismo. Se echó hacia atrás y se mordió los labios
para contener el gemido de placer cuando la punta del pene de Yoochun presionó
en él más allá del primer anillo de músculos. ¡Maldita sea, eso se sentía bien!
Arqueó
su cuerpo para empujar más profundo el pene de Yoochun. Se agachó para agarrar
su propia palpitante erección y empezó a acariciarse a sí mismo mientras
bombeaba sus caderas hacia atrás y adelante. Él mismo se empaló en repetidas
ocasiones en la polla de Yoochun.
Trató
de estar en silencio, para no despertarlo, pero pronto se quedó tan cautivado
con el placer que recibió de él, que no pudo contenerse por más tiempo. Cuando
su polla comenzó a latir con una erupción inminente, soltó una serie de
gemidos, cada uno más fuerte que el anterior.
Justo
cuando la cabeza de su polla comenzó a explotar, unas manos fuertes agarraron
sus caderas y Yoochun se estrelló contra él, aumentando el nivel del orgasmo de
Junsu, hasta que se corrió dejando el líquido cremoso sobre la cama.
Antes
de que Junsu pudiera incluso recuperar el aliento, Yoochun le dio la vuelta
sobre su estómago, lo empujó para arriba sobre sus rodillas, y se estrelló
contra él por detrás. Las manos de Yoochun agarraron sus caderas con tanta
fuerza, que temía que Junsu tuviera contusiones más tarde. A Junsu no podía
importarle menos.
La
respiración agitada procedente de Yoochun le dijo a Junsu que estaba cerca. Junsu
se agachó entre sus piernas y acarició suavemente el saco de Yoochun.
Alcanzando más atrás, frotó el dedo sobre el agujero de Yoochun. Se sentía como
una pretzel, pero los gemidos y la fuerte y repentina furia de bombeo de las
caderas de Yoochun, le decían que valía la pena.
—Junsu,
oh Dios, bebé… ponlo dentro… oh joder… —Yoochun pidió. Junsu empujó su dedo en
el culo de Yoochun y lo movió alrededor.
—Oh
joder, ahí mismo, oh sí, Junsu —Yoochun se empujó hasta el fondo con un furioso
empuje final. Su orgasmo rugió a través de él antes de que colapsara hacia
abajo sobre el sudoroso cuerpo empapado de Junsu.
Junsu
sintió los pequeños besos de Yoochun a lo largo de su cuello y por el lado de
su oreja. —Buenos días, cariño —le susurró Yoochun al oído, entre besos.
—Buenos
días, Yoochun —rió Junsu. Se empujó contra Yoochun para conseguir que se
levantara, entonces se dio la vuelta hasta que se enfrentó a él.
—Guarda
este lugar para mí —dijo Yoochun, se levantó y corrió al baño a limpiarse.
Trajo una toalla húmeda y limpió rápidamente a Junsu, entonces se arrastró
entre sus piernas.
—Ahora,
¿dónde estábamos? Oh, sí, me acuerdo —sonrió a Junsu, mostrando sus hoyuelos—.
Hola, precioso, ¿has dormido bien?
Junsu
sonrió a Yoochun y asintió con la cabeza. —Sí, pero el despertar fue mejor.
—Si
no tienes experiencia, ¿cómo infiernos sabías hacer esa cosa con el dedo? —preguntó
Yoochun con picardía.
La
cara de Junsu enrojeció. —Te dije que nunca hice nada con nadie. No dije nada
acerca de fantasear. Y tengo un montón de fantasías que quiero probar. —Junsu
se rió cuando vio a Yoochun tragar saliva.
—Oh
hombre, estás intentando matarme, ¿no? —se ahogó Yoochun.
—Abajo,
muchacho —se rió Junsu cuando sintió endurecer la polla de Yoochun contra la
suya—. Tengo que ir a mi apartamento y tomar una ducha, cambiarme de ropa, ver
mis mensajes… ese tipo de cosas.
—No
tendrías que ir a tu apartamento si viveras aquí, Junsu —gruñó Yoochun cuando
salió del lado de Junsu para sentarse en un lado de la cama.
—Yoochun,
sólo han pasado un par de semanas. Vamos a darnos un poco de tiempo antes de
dar ese paso.
Junsu
podría decir por la postura rígida de Yoochun, que sus sentimientos estaban
heridos. Junsu sentía que tenía que tomar esto lentamente. Necesitaba tiempo
para conocer a Yoochun como amigo y amante antes de comprometerse más.
—¿Por
qué tenemos que esperar? Te amo. Tú me amas. No veo cuál es el problema. ¿Qué?
¿Crees que voy a dejar de amarte de repente o algo así? —Yoochun saltó sobre
sus pies, agarró los pantalones vaqueros y se los puso.
—Yoochun…
—Junsu comenzó cuando fue a toda prisa hacia el lado de la cama y tomó su
propia ropa.
—¿Me
amas, Junsu? —demandó Yoochun cuando puso sus manos en sus caderas y miró a Junsu
desde el otro lado de la cama.
—Sabes
que sí, Yoochun.
—Entonces,
¿por qué no vives conmigo? ¿Crees que realmente no lo quiero decir cuando digo
que quiero una relación contigo? ¿Es eso? ¿Crees que estoy mintiendo?
—preguntó, mientras sacudía su mano alrededor por su agitación.
—Dios,
no, Yoochun. ¿Cuándo te he dado esa idea? —preguntó Junsu con sorpresa.
—Simplemente
no entiendo por qué no te mudas conmigo entonces. Nos amamos uno al otro.
Queremos estar juntos. ¿Tienes alguna idea de lo mucho que odio el hecho de que
tengas que dejarme e ir a tu casa para cambiarte? Esta debería ser tu casa.
Vestirte debería involucrar el agarrar algo de tu armario, no hacerlo en otra parte.
—Yoochun…
—Junsu intentó de nuevo. Él no quería pelear con Yoochun, pero no estaba
preparado para dar ese paso todavía. Necesitaba más tiempo.
—¡No!
¿Quieres estar conmigo o no, Junsu?
—Yoochun,
¿sabes lo que estás diciendo? —susurró Junsu. Si había entendido bien, Yoochun
le estaba dando un ultimátum. O bien cedía a la demanda de Yoochun de vivir con
él o se separarían.
—Sí.
Te quiero aquí conmigo. No quiero que vayas a otro lugar por la noche. Te
quiero en mi cama todas las noches. Quiero despertar cada mañana contigo en mis
brazos. Quiero compartir todo contigo.
—También
quiero eso, Yoochun, pero…
—Nada
de peros, Junsu. Dijiste que me querías, que me has amado durante diez años.
¿Por qué ahora de repente no estás seguro? ¿Estabas mintiendo todo este tiempo
o es que no estás seguro de que realmente me ames?
—No
me obligarás a tomar una decisión que no estoy dispuesto a hacer, no por ti ni
por nadie —dijo Junsu con firmeza cuando se puso de pie—. Si no puedes
entenderlo, entonces tal vez estoy en lo correcto al no querer vivir contigo
todavía. Obviamente, tenemos algunas cuestiones que tenemos que trabajar. La
primera es que no puedes obligarme a hacer algo que tú desees, haciéndome
sentir mal. No voy a tomar una decisión como esta, sin pensar en ello primero.
—Dios,
realmente eres joven, ¿no? —Yoochun sacudió la cabeza—. A veces olvido lo joven
e inexperto que realmente eres.
—Jódete,
Yoochun —susurró Junsu a través de las lágrimas que de repente obstruían su
garganta. Junsu se puso los zapatos y caminó hacia la puerta. Se detuvo
brevemente en la puerta del dormitorio, con una mano apoyada en el marco de la
puerta. La otra mano frotaba su cara.
En
realidad, no quería pelear con Yoochun. Sabía que podía resolver esto. Sólo
tenía que encontrar una manera. Él respiró hondo y se giró hacia la cara de Yoochun.
—Mira,
Yoochun —Junsu comenzó sólo para detenerse, cuando vio la puerta del baño
cerrarse detrás de Yoochun. Se acercó a la puerta del baño y trató de girar la
perilla. Yoochun había cerrado la puerta. Él llamó suavemente a la puerta.
—¿Yoochun?
—Vete,
Junsu, sólo tienes que irte —oyó susurrar a Yoochun a través de la puerta.
—Yoochun…
—Vete,
Junsu —dijo Yoochun un poco más fuerte.
Junsu
retrocedió un paso de la puerta. No podía creer que Yoochun le estaba diciendo
que se fuera. Se llevó la mano al pecho, que se apretaba, su respiración
agitada. Esto no podía estar sucediendo.
—Yoochun,
por favor, tenemos que hablar de esto… yo no… —Junsu declaró.
—Junsu,
yo quiero que te vayas —gritó Yoochun a través de la puerta. Junsu saltó un
paso atrás cuando escuchó el golpe de la mano de Yoochun contra la puerta. De
repente se encontró de pie en la puerta del dormitorio. No sabía cómo había
llegado hasta allí. No recordaba haber caminado por la habitación.
—Te
amo, Yoochun —susurró una última vez antes de girar y alejarse. Su mente era un
manto total de angustia cuando salía del condominio de Yoochun y caminaba por
la calle. No podía registrar nada, excepto el dolor de haber perdido a Yoochun.
Tampoco la lluvia que comenzaba a caer o los coches que le tocaban bocina.
Simplemente
no podía creer que todo había terminado porque no había querido ir a vivir con Yoochun
sin tomarse el tiempo para pensar en ello primero. Junsu sabía que si pudiera
volver a vivir la última media hora y decirle a Yoochun que él se iría a vivir
con él, lo haría. No era lo que quería, pero si eso significaba que podría
mantener a Yoochun a su lado, él lo habría hecho. Habría hecho cualquier cosa
para mantenerlo.
¿Por
qué había sentido la necesidad de ser tan testarudo al respecto? ¿Mudarse con Yoochun
no era lo que quería? ¿Por qué había sido tan inflexible acerca de tomarse su
tiempo? Tal vez Yoochun tenía razón y él todavía no había crecido.
Junsu
no sabía cuánto tiempo había pasado cuando empezó a sentir las gotas de lluvia
caer sobre él. Miró al cielo y se dio cuenta que era de noche y llovía. Había
sido por la mañana cuando había salido del condominio de Yoochun. ¿Cuánto
tiempo había pasado?
Junsu
se levantó de la vereda y empezó a caminar de nuevo. Ni siquiera estaba seguro
de dónde estaba. Sacó su teléfono celular de su bolsillo y marcó el número de Jaejoong .
—Hola,
soy Kim Jaejoong .
—¿Jae?
—Junsu susurró a través del castañeteo de sus dientes.
—¿Junsu?
¿Eres tú? —preguntó Jaejoong con sorpresa.
—¿Podrías
venir a buscarme?
—Claro,
Junsu. ¿Dónde estás? —preguntó Jaejoong
, de repente desconcertado.
Junsu
miró a su alrededor. Nada de lo que veía le resultaba familiar. —No lo sé.
—Bueno,
¿qué es lo que ves a tu alrededor? ¿Hay alguna señal de tráfico? ¿Ves alguna
tienda o algo así? —preguntó Jaejoong con cuidado.
Junsu
miró a su alrededor otra vez. Vio un cartel a varios pies de distancia. —Sí,
hay una señal de tráfico que dice Nimbus y el bulevar de la avenida Hall. ¿Sabes
dónde está eso?
—Claro
que sí, cariño. Quédate ahí y voy a estar allí tan pronto como me sea posible.
¿Está bien? —preguntó Kim Jaejoong .
—Está
bien. Por favor, apúrate, Jae. —Junsu podía oír el coche de Jaejoong
en marcha y sabía que estaba en camino antes de que él llegara a decir
nada.
—Ya
estoy en camino, bebé —aseguró Jaejoong a Junsu—. Quédate donde estás. —Junsu
caminó unos pocos metros para ponerse a cubierto en una parada de autobús. Por
lo menos podría salir de la lluvia. Se sentó allí en el banco, temblando porque
su ropa empapada por la lluvia se pegaba a su cuerpo frío.
—Háblame,
Junsu. Cuéntame qué pasó. ¿Cómo terminaste caminando hasta Beaverton? — Jaejoong le preguntó.
—¿Es
dónde estoy? —se rió con dureza Junsu. No tenía idea de cómo había llegado
hasta aquí. Él no recordaba nada desde que salió de condominio de Yoochun,
cerca de cinco kilómetros de distancia.
—Háblame,
Junsu. Cuéntame lo que pasó —declaró Kim
Jaejoong .
—No
hay nada de qué hablar. —Junsu se encogió de hombros, aunque él sabía que Jaejoong
no podía verlo.
—¿Es
Yoochun? ¿Pasó algo con Yoochun?
—Se
acabó. No más Yoochun. Tal vez nunca existió. Tal vez todo esto es una
pesadilla horrible y tal vez despierte por la mañana y nada de esto haya pasado
nunca —dijo Junsu en voz baja.
—Oh,
Junsu, lo siento mucho.
—Dicen
que la ignorancia es la felicidad. Me gustaría estar todavía felizmente
ignorante —se rió amargamente Junsu—. No saber lo que me falta es mucho mejor
que saberlo y no poder tenerlo.
La
preocupación creció en Jaejoong para cuando la segunda risa de Junsu se
convirtió en casi histérica al volver a llorar. Le gustaría tener el cuello de Yoochun
en sus manos allí mismo. Estaría retorciéndoselo.
No
sabía lo que había sucedido entre Junsu y Yoochun, pero obviamente había sido
algo importante. Se preguntó si sería capaz de salvar el culo Yoochun esta vez.
Saliendo
de la autopista, Jaejoong condujo por la calle lateral hasta que vio
el Boulevard y a Junsu sentado en la parada de autobús. Se detuvo y abrió la
puerta del lado del pasajero. Vio a Junsu mojado y su cuerpo frío temblando
mientras subía al coche, subió la temperatura y luego se dirigió hacia la
autopista.
Jaejoong
miró a Junsu. No se veía muy bien. Sus ojos estaban rojos e hinchados,
mostrando que había llorado mucho. Estaba empapado hasta los huesos, temblando.
Sus ojos tenían una especie de mirada triste, desolada. Toda la luz habitual y
la vitalidad que había en ellos se habían ido.
—¿Quieres
hablar de ello? —preguntó Kim Jaejoong .
—No.
Bueno,
eso era aún más preocupante para Kim
Jaejoong . Por lo general, Junsu
quería hablar de sus problemas. Además, si no hablaba de ello, ¿cómo se suponía
que podría ayudarlo? Tal vez debería ir a hablar con Yoochun.
Veinte
minutos después, Jaejoong se detuvo en una plaza de aparcamiento
frente al apartamento de Junsu. Miró a Junsu, que había pasado todo el viaje de
regreso mirando por la ventana sin decir nada.
—Mira,
cariño, voy a ir a mi casa y tomar un par de cosas, tal vez parar y traernos un
bocadillo, entonces estaré de vuelta, ¿de acuerdo?
—Voy
a estar bien, Jae, sólo tengo que ir a casa.
Jaejoong
miró a Junsu con preocupación. —Junsu, no estoy tan seguro de que estar
solo en este momento sea bueno para ti.
—Estoy
bien, Jae. Voy a entrar, tomar una ducha, e irme a la cama. Te llamaré mañana,
¿de acuerdo?
—Junsu…
— Jaejoong intentó de nuevo.
—
Kim Jaejoong , tengo que hacer esto
por mi cuenta. No puedo seguir molestándote cada vez que mi vida no vaya como
yo quiero. Soy un niño grande. Yo puedo manejar esto —dijo Junsu al tiempo que
abría la puerta del coche.
Jaejoong
se acercó y puso su mano en el brazo de Junsu. —Sé que eres un niño
grande, Junsu, sólo que yo no...
—
Kim Jaejoong , está bien. Gracias por venir a buscarme. Ahora vete a casa —dijo
Junsu mientras tiraba de su brazo alejándose de los brazos de Jaejoong
.
Jaejoong
vio cómo Junsu salió del coche y se dirigió a su apartamento. Se volvió
y dio un leve movimiento de su mano a Jaejoong antes de abrir la puerta y caminar dentro,
cerrando la puerta detrás de él.
Oh,
sí, Yoochun era sin duda su siguiente parada.
Junsu
cerró la puerta detrás de él y encendió la luz de la sala de estar. Parpadeó
varias veces por la vista que tenía ante él antes de que rápidamente se girara
y abriera la puerta principal. Buscó a Kim Jaejoong , justo a tiempo para ver las luces de su
auto dar la vuelta en la esquina.
¡Maldita
sea! Junsu cerró la puerta detrás de él y caminó con cautela a través de los
restos de su apartamento. Todo parecía estar destruido. Los cojines del sofá
desgarrados y el relleno desparramado por todo el suelo. Las fotografías
estaban rotas, libros destrozados, objetos de adorno destruidos.
En
el área de la cocina, los platos hechos añicos por el suelo, los alimentos
desparramados en todas partes, sillas volteadas. Pero la habitación era lo
peor. El colchón había sido cortado en pedazos, las sábanas y mantas
desgarradas, las almohadas destruidas, su ropa destrozada.
Lo
más aterrador de todo eran las palabras escritas en rojo por encima de su
cama... «Tú has sido un niño muy malo, Junsu. Deshazte de Yoochun o lo haré yo
de forma permanente. ¡Tú me perteneces y sólo a mí, y otros no tendrán lo que
es mío!»
Bajo
las palabras estaba la fotografía de Yoochun, pegada a la pared con un
cuchillo. Junsu se puso de rodillas en estado de shock mientras miraba
alrededor de la habitación todo lo que había sido destruido sádicamente.
Continuara
.jpg)
De tan feliz que era y por una negación coherente se hecho a perder todo...
ResponderEliminarAhora otra vez ese KHJ acechando a pobre Junsu, destruyo su departamento y amenaza con deshacerse de Yoochun, esta loco ese hombre...
Gracias
por que haces esto ... siya estaban juntos *se arrastra y llora * no puede ser y para colmo ese estupido de kim hyung .. yo lo mato.. vamos junsu no termines a yoochun y dile a jae ..
ResponderEliminar