Dos
días más tarde, Junsu se levantó de la caja que había utilizado para embalar y
se dirigió a la puerta cuando alguien llamó a la misma. La abrió y se
sorprendió al ver que Yoochun estaba allí. —Yoochun.
—Hey,
Junsu, me preguntaba si tenías un momento para hablar.
—Uh,
sí, seguro, entra —dijo Junsu mientras sostenía la puerta abierta y se apartaba
del camino. Junsu siguió a Yoochun, quien se quedó evidentemente desconcertado
cuando entró en el apartamento. Parecía estar mirando los montones de cajas
llenas con algo parecido al asco.
—¿Qué
pasa, Yoochun? —preguntó Junsu mientras trataba de averiguar lo que estaba
pasando. Sentía como una patada en el estómago que Yoochun estuviera allí
después de haber tomado la decisión de dejar de suspirar por él.
—Sólo
quería saber si todo está bien. Tu madre mencionó que te estabas mudando. —Yoochun
hizo un gesto a las cajas apiladas alrededor de la habitación—. Supongo que es
cierto.
—Sí,
me estoy transfiriendo a la Universidad de SEUL.
—¿Por
qué? —preguntó Yoochun girando para mirar a Junsu.
—¿Por
qué? —preguntó Junsu, parpadeando con desconcierto ante la pregunta de Yoochun—.
¿A qué te refieres con ‘por qué’?
—¿Por
qué la transferencia? ¿No puedes terminar tu grado aquí? —Yoochun preguntó
mientras caminaba un poco más hacia Junsu.
—Podría,
pero el programa de Universidad de Seul ofrece más —dijo Junsu mientras daba
unos pasos hacia atrás, alejándose de Yoochun.
De
pie tan cerca de Yoochun, podía oler el almizcle suave y el aroma de su colonia
de después del afeitado, lo que estaba haciendo sus piernas débiles. Yoochun
olía condenadamente bien. Siempre lo hacía.
—¿Es
esa la única razón? —preguntó Yoochun. Junsu podía sentir su corazón latiendo
en su pecho mientras intentaba leer la expresión cerrada en la cara de Yoochun.
¿Yoochun había adivinado su deseo? A Junsu le preocupó que alguien le hubiera
dicho a Yoochun lo que él sentía, aunque jamás se lo había dicho a nadie.
—¿Si
hay otra razón? —preguntó Junsu mientras sentía un rubor no deseado coloreando
su cara.
—Junsu,
sólo quiero ayudar. No tienes que ocultarme las cosas. Soy tu amigo —dijo Yoochun
llevando una mano tranquilizadora al brazo de Junsu.
«Mi
amigo, pero no mi amante», pensó Junsu con tristeza cuando se encogió hacia la
mano de Yoochun alejándola de su brazo. —Estoy bien, Yoochun.
—Junsu…
Junsu
se dio la vuelta y caminó hasta situarse en el mostrador de la cocina. —Gracias
por venir a verme, Yoochun, pero estoy bien. Ya te puedes ir. —Junsu sabía que
estaba siendo grosero, pero era demasiado duro estar en la misma habitación con
Yoochun sin dejar escapar lo mucho que lo quería. Junsu tuvo que morderse los
labios para no decirlo todo.
—Junsu…
—Yoochun comenzó de nuevo.
—Por
favor, Yoochun, sólo tienes que irte —dijo Junsu en un murmullo mientras sus
manos se agarraban al borde de la encimera—. Por favor. —Junsu cerró sus ojos,
mientras esperaba junto a la puerta de entrada para abrirla y cerrarla cuando Yoochun
se fuera.
—Junsu,
tiene que haber una manera mejor de lidiar con esto que mudarte al otro lado
del país.
Junsu
se dio la vuelta para encontrar a Yoochun de pie justo detrás de él, tan cerca
que sus pechos casi se tocaron. Los ojos de Junsu se agrandaron por la sorpresa
al ver la mirada de preocupación en el rostro de Yoochun. —¿Lidiar con qué?
—apenas pudo decir, ahogado por la masa que se había formado en su garganta.
—Mira,
Junsu, no podemos elegir a quién amamos, pero no vale la pena dejar a tu
familia —dijo Yoochun.
—¿Quién?
—preguntó Junsu confuso.
—La
mujer de la que estás enamorado. Tu madre me lo contó todo. No sabe si tu
problema era que la mujer está casada, que no está disponible o qué, pero
ninguna mujer vale la pena para que renuncies a tu familia.
—Yo
no estoy enamorado de una mujer —dijo Junsu, perplejo por la dirección en la
que la conversación iba.
—Junsu,
ya te he dicho que no tienes que
esconder esto de mí. Yo sólo quiero ayudar. Si no puede ver el gran tipo que
eres, no la necesitas. Hay un montón de mujeres sueltas por ahí —continuó Yoochun,
como si Junsu no hubiera dicho nada.
Junsu
no podía dejar que su risa se escapara de sus labios mientras miraba a Yoochun.
La situación no era divertida, pero no podía creer que Yoochun estuviera allí
dándole ese tipo de sermón cuando en primer lugar, era precisamente él la razón
por la que se encontraba en este lío.
—Yoochun,
no hay ninguna mujer —dijo Junsu.
—Junsu…
—Yoochun,
te lo juro, no hay ninguna mujer. Soy gay.
Junsu
vio cómo la boca de Yoochun se abría y se cerraba varias veces mientras miraba
a Junsu en estado de shock. Junsu se sintió avergonzado que Yoochun fuera el
primero en saber que era gay y que la cosa se convirtiera rápidamente en una
molestia cuando Yoochun sólo siguió mirándolo.
—¿Eres
gay? —le preguntó Yoochun en un susurro.
Junsu
cruzó los brazos sobre su pecho y lo miró. Yoochun parecía asombrado, como si
el pensamiento no hubiera entrado en su mente. —Sí, lo soy. ¿Ves? No hay
ninguna mujer de qué preocuparse. Ahora, ¿podrías irte? Tengo un montón de
embalaje que hacer.
—¿Eres
gay? —le preguntó Yoochun otra vez.
Junsu
rodó los ojos y movió su mano en el aire agitándola. —Sí, Yoochun, soy gay.
Siempre ha sido así. Siempre lo será. Ahora, si tienes la amabilidad de dejarme
terminar mi equipaje, podría tener tiempo para ir al bar y encontrar algún
estudiante caliente para traer a casa y follar.
Junsu
tomó a Yoochun del brazo y tiró de él hacia la puerta. La abrió y empujó a Yoochun
a través de ella. Junsu notó brevemente la mirada aturdida en los ojos de Yoochun.
—Adiós, Yoochun —dijo Junsu al cerrar la puerta.
En
el momento en que la puerta se cerró, Junsu la bloqueó y apoyó la cabeza contra
ella mientras su corazón latía frenéticamente en su pecho. Él no podía creer
que acababa de salir ante Yoochun, quien había pensado que estaba enamorado de
una mujer. ¿No acababa de dar todos los golpes?
Junsu
negó con la cabeza mientras volvía de nuevo a su embalaje. Mientras recogía
otra pila de libros y los colocaba en una caja abierta, se preguntó qué habría
dicho Yoochun si supiera que él era la razón de que se mudara al otro lado del
país dejando a su familia.
Junsu
resopló para sí mismo con el sombrío pensamiento acerca de cuál sería la
respuesta de Yoochun. Probablemente hubiera pateado la cabeza de Junsu y le
hubiera dicho que aún podrían seguir siendo amigos, pero sólo amigos. No era
como si Junsu tuviera un montón de amigos, pero amistad precisamente no era lo
que quería de Yoochun. Y lo que quería, no podría tenerlo nunca.
Junsu
estaba aturdido por el sueño cuando llegó al teléfono junto a la cama. Miró
brevemente la alarma del reloj y se preguntó quién diablos llamaba a las dos de
la mañana.
—¿Hola?
—¿Es
Kim Junsu? —preguntó una voz extraña.
—Sí,
soy Kim Junsu. ¿Quién es? —preguntó Junsu,
todavía preguntándose quién diablos estaba llamando tan temprano. Habían pasado
sólo unas pocas horas desde que Yoochun se había ido, y Junsu había terminado
de empacar para caer en la cama, exhausto.
—Soy
el camarero de ‘Dooley’ en la Cuarta Avenida. Tengo aquí a un tipo llamado Yoochun.
El hombre está borracho. No llegó conduciendo, pero tampoco creo que él deba caminar
a su casa. Cuando le pregunté a quién podía llamar me dijo que te llamara a ti.
¿Puedes venir por él?
—Uf,
sí, estaré allí en quince minutos. No lo dejes ir a ninguna parte —dijo Junsu
con enojo cuando bajó las piernas por el lado de la cama y colgó el teléfono.
Se vistió rápidamente, agarró su chaqueta y las llaves, y se dirigió hacia la
puerta.
Mientras
conducía hacia ‘Dooley’, Junsu no podía creer lo enojado que estaba con Yoochun.
Se había quejado de Junsu por ser irresponsable, y ahora Yoochun estaba tan
borracho que ni siquiera podía caminar hasta su casa.
¿Y
por qué le llamaron a él? ¿No hubiera sido más fácil llamar a Zuno? Zuno podría
ser el hermano de Junsu, pero también era el mejor amigo de Yoochun. Junsu ni
siquiera sabía que Yoochun conocía su número de teléfono.
Decidió
recoger a Yoochun, llevarlo directamente a su casa y dejarlo allí. Si Yoochun
quería estar tan borracho que necesitara que alguien fuera a buscarlo, se
merecía lo que obtuvo. Junsu se detuvo delante de ‘Dooley’ y se bajó de su
coche. Pasó una mirada furiosa por el bar antes de dirigirse hacia la puerta.
Al
abrir la puerta, estuvo un poco sorprendido por el brillo de la sala. A la luz,
fue capaz de detectar inmediatamente a Yoochun. Estaba sentado ante la barra
del bar mientras hablaba con un hombre que Junsu supuso era el camarero.
23
Caminó
junto a él. —¿Yoochun?
Yoochun
miró a su vez hacia él. Cuando la cara de Yoochun se iluminó al verlo, Junsu
trató de no tomarlo en serio, sobre todo cuando sabía que no era real.
—Junsu,
¿qué estás haciendo aquí?
Yoochun
en realidad sonaba feliz de verlo, pero Junsu podría decir por la dificultad
para hablar de Yoochun que este estaba definitivamente muy tomado. Junsu casi
se echó a reír. Yoochun estaba tan borracho que apenas podía mantenerse sentado
erguido en su asiento.
—Yoochun,
es hora de irse. Estoy seguro de que al camarero le gustaría cerrar y volver a
casa. ¿Por qué no dejas que te lleve a casa?
—Está
bien, Junsu —Yoochun le dedicó una descuidada sonrisa con hoyuelos—. Me
gustaría ir a casa contigo.
Junsu
se preguntó acerca del sonido un poco melancólico de la voz de Yoochun. Sonaba
casi sentimental. Sacudiendo la cabeza, agarró el brazo de Yoochun y lo ayudó a
bajar del taburete. —Vamos ya borrachín, vamos a llevarte a casa.
Junsu
era pulgadas más bajo, por lo que fue
capaz de envolver un brazo alrededor de la espalda de Yoochun y ayudarlo a
entrar en el coche. Por desgracia, Yoochun era más pesado que Junsu, lo que le
hizo mucho más dificultoso acarrearlo hacia el coche.
Después
de algunas maniobras creativas y varias malas palabras, finalmente consiguió
que Yoochun quedara instalado en su coche y cerró la puerta. Rodeó el coche y
se metió en el lado del conductor. Mirando a Yoochun cuando arrancó el coche,
se echó a reír.
Yoochun
estaba fuera de combate. Junsu, incluso podía oír el suave ronquido. Oh hombre,
Yoochun iba a odiarse a sí mismo por la mañana. Su cabeza seguramente
estallaría la primera vez que abriera los ojos. Junsu no querría ser él en la
mañana.
Se
detuvo en el camino de entrada de la casa de Yoochun unos momentos después.
Salió de su auto y caminó hacia el lado del pasajero. Sacudió el hombro de Yoochun
en varias ocasiones, repitiendo su nombre para tratar de despertarlo.
Finalmente se dio por vencido. Al parecer, Yoochun no iba a ponérselo tan
fácil.
Junsu
jaló a Yoochun, apoyando sus pies en el suelo y luego lo arrojó sobre uno de
sus hombros y cerró la puerta. Llegó a la puerta de entrada y la encontró
cerrada. ¡Oh, diablos! Jaló a Yoochun de su hombro e inclinó al hombre contra
la puerta revolviendo en sus bolsillos para conseguir las llaves.
Su
respiración se quedó atorada en su garganta cuando su mano rozó una longitud
dura en los pantalones de Yoochun. Oh hombre, ¿qué hacía que Yoochun estuviera
así en ese momento? Junsu no quería hacer esto ahora mismo. Revolvió por las
llaves y luego jaló a Yoochun contra su pecho para poder abrir la puerta.
Pateó
la puerta, cerrándola después de sacar el bloqueo y llevó a Yoochun dentro de
la casa. Nunca había estado en el interior de esa casa antes, así que no estaba
muy seguro de dónde se encontraba el dormitorio. Él sólo comenzó a caminar por
el pasillo en busca de la habitación principal.
Mientras
él miraba a su alrededor se sorprendió por lo masculina que la casa entera
parecía. Era agradable, pero no demasiado espectacular, con una gran cantidad
de colores claros. Junsu podía verse a sí mismo estando muy cómodo en la casa
de Yoochun.
Toda
la casa estaba decorada en tonos cálidos, desde el sofá beige suave de dos
plazas en torno a una chimenea de piedra grande, a la estantería de roble llena
de libros que se alineaban en una pared entera. La mayor sorpresa de Junsu fue
lo limpio y organizado que todo parecía estar. La casa de Yoochun era muy
ordenada.
A
Junsu le pareció raro que no parecía haber ningún signo de ningún toque
femenino a la vista. No había flores, ropa femenina, o incluso ninguna de las
parafernalias femeninas que ellas usaban. Casi parecía como si Yoochun
estuviera libre.
Junsu
entró en la habitación al fondo de la sala. Jaló la colcha y puso a Yoochun en
la cama. Junsu le sacó los zapatos y los puso en el suelo junto a la puerta. Se
agachó y tiró de la camisa de Yoochun para sacársela y luego fue por sus jeans.
Parte de Junsu esperaba que Yoochun llevara boxers, pero otra parte más
tortuosa esperaba que no fuera así. ¡Maldita sea! Los tenía.
Dobló
cuidadosamente la camisa y los jeans de Yoochun y los colocó en una silla junto
a la ventana. Volvió a la cama y tiró de las mantas para cubrirlo. «Dios, Yoochun
es tan hermoso», pensó Junsu mientras miraba hacia abajo al hombre dormido.
Junsu
fue a la cocina y buscó alrededor hasta que encontró una lata de café y
procedió a hacer una olla. Colocó una taza vacía abajo justo al lado de la
cafetera y escribió una breve nota diciéndole a Yoochun que esperaba que se
sintiera un poco mejor al despertar.
En
el cuarto de baño, Junsu buscó una aspirina en el gabinete, fue fácil de
encontrar en la organizada plataforma. Los gabinetes en el baño de Yoochun
estaban tan ordenados que Junsu se sorprendió de que Yoochun no hubiera marcado
todo. Tal vez el hombre sufría un poco de desorden obsesivo-compulsivo.
Toda
la casa estaba muy limpia y ordenada, casi demasiado. Junsu no era un vago de
ninguna manera, pero era conocido por dejar tirada su ropa en el suelo. A
diferencia de las estanterías ordenadas de Yoochun, Junsu tenía pilas de libros
en todo el apartamento. Definitivamente, Junsu no era ordenado.
Agarró
un vaso de agua y lo llevó al dormitorio, colocando el frasco de aspirinas y el
agua sobre la mesita de noche. También dejó las llaves de la casa al lado de
las aspirinas.
Mientras
miraba al hombre que había amado durante casi diez años, Junsu no pudo
evitarlo. Se inclinó y depositó un pequeño beso en los labios de Yoochun.
Estuvo a punto de saltar fuera de su piel cuando Yoochun pasó un brazo
alrededor de su cuello y comenzó a responder a su beso.
Al
principio, el beso de Yoochun fue dubitativo, su boca suave y exploratoria.
Luego unió su lengua al beso, rozando los labios de Junsu. Este no podía
controlar sus gemidos. Los besos de Yoochun eran todo lo que siempre había
pensado que serían y más.
Junsu
se había perdido en su primer beso de verdad, su cabeza le daba vueltas cuando Yoochun
tomó el beso más profundo, más duro, las dos manos envueltas en el cabello de Junsu
manteniéndolo en su lugar para que no pudiera escapar. No es que Junsu quisiera
hacerlo. Era allí donde él había querido estar durante los últimos diez años.
Cuando
Yoochun se agachó y tiró de la camisa de Junsu, la realidad se estrelló contra
él. Él no podía hacer esto. Yoochun era hetero. Estaba borracho. Obviamente no
sabía lo que estaba haciendo. Junsu sabía que tenía que parar esto antes de que
se saliera de control.
—Yoochun,
hombre, detente —le rogó mientras trataba de desenredarse de los brazos de Yoochun.
—No
quiero parar —se quejó Yoochun mientras chupaba un lado del cuello Junsu
suficientemente duro como para dejar una marca. Sus manos fueron encontrando
rápidamente su camino debajo de la camisa de Junsu.
—Yoochun,
por favor, no podemos hacer esto —le susurró desesperadamente cuando los dedos
de Yoochun tiraron de sus pezones. Junsu no pudo mantener el gemido que escapó
de su boca cuando Yoochun manipuló su carne sensible. Sus pezones estaban en un
punto caliente, y Yoochun estaba jugando con ellos como un maestro.
—Quieres…
quieres ahora… tienes demasiada ropa —dijo Yoochun entre besos. Fue casi rudo
cuando tiró de la ropa de Junsu.
—Yoochun,
¿sabes lo que estás haciendo? ¿Sabes quién soy? —preguntó Junsu
desesperadamente.
—Junsu,
lindo, lindo Junsu.
Bien,
así que Yoochun sabía que era él. Eso no quería decir que supiera exactamente
lo que estaba haciendo. ¿Yoochun tenía el secreto deseo de estar con un hombre?
Tanto como Junsu quería ceder, no quería ser un experimento en el sexo gay.
Junsu
lo intentó de nuevo. Agarró la cara de Yoochun en sus manos y trató de llamar
su atención. Tenía que parar esto antes de que se saliera de control. —Yoochun,
no podemos hacer esto. Estás borracho. No sabes lo que estás haciendo.
Junsu
sabía que estaba perdido cuando Yoochun le lanzó una de esas famosas sonrisas
con hoyuelos.
—No
estoy tan borracho —se rió entre dientes, luego jaló la cabeza de Junsu abajo
para otro beso.
Junsu
se quejó profundamente mientras sucumbía a la seducción de Yoochun. Acarició
suavemente el pecho cincelado de Yoochun, sus pezones. Subió por completo en la
cama y se acomodó entre las piernas del hombre, gruñendo al sentir el duro pene
de Yoochun apretado contra su estómago. Besó el pecho de Yoochun, bajando por
su duro abdomen hasta la orilla de sus boxers. Jaló estos hacia abajo, pulgada
a pulgada, dejando poco a poco al descubierto el pene de Yoochun y su saco casi
sin vello, hasta que pudo empujar los boxers todo el camino, sacándoselos a Yoochun
y colocándolos en el suelo.
Dejó
escapar un suspiro pesado cuando Yoochun estuvo totalmente desnudo y su mirada
hambrienta. Oh maldita sea, él también era perfecto aquí. El pene de Yoochun,
levantado exigiendo toda su atención, era largo y grueso. Una gota de pre-semen
brillaba en la pequeña ranura en la amplia cabeza de su pene.
Cuando
Junsu acercó su lengua y lamió la gota, el pene de Yoochun saltó en respuesta. Junsu
envolvió la cabeza del pulsante pene de Yoochun en su boca y Yoochun tomó en
sus manos el cabello de Junsu, su gemido de aprobación resonó en el silencio de
la sala.
Para
Junsu, el sabor del pene de Yoochun y el pre-semen que escapaba de él, eran
ambrosía. Sabía que iba a ser así. Atacó el pene de Yoochun y lo adoró con su
boca y su lengua, como si su próximo aliento dependiera de ello.
Junsu
oyó gemir a Yoochun, entonces este levantó sus caderas y empujó su pene en la
ansiosa boca de Junsu, quien bajó su rostro hasta que su nariz estuvo enterrada
en el vello suave y rizado. Envolvió sus labios alrededor de la base del pene
de Yoochun y poco a poco chupó el camino de vuelta hasta la punta, y
rápidamente de vuelta a la base.
Tanto
como Junsu se dedicó a adorar el pene de Yoochun, este se retorció en la cama,
llegando sus manos a apretar las sábanas, sus gemidos cada vez más fuertes con
cada lamida de la lengua de Junsu. Este sintió que la erección en su boca
empezaba a latir, y luego se sacudió repentinamente cuando Yoochun se arqueó en
la cama y chorros de crema suave se derramaron en la boca de Junsu. Tragó todo
lo que pudo hasta que empezó a filtrarse por un lado de su boca.
Junsu
limpió con la lengua a Yoochun, dejando caer de su boca el pene desinflado y
mirando hacia él. Se quejó en voz baja mientras dejaba caer su cabeza sobre la
pierna de Yoochun. El hombre estaba fuera de combate una vez más. Y Junsu
estaba duro como una roca.
Oh,
bien, cualquier molestia que él tuviera había valido la pena por escuchar a Yoochun
dar gritos de alegría y saber que había sido él quien le había dado a Yoochun
ese placer. Además, siempre estaba duro por la mañana.
Junsu
salió de la cama y rápidamente dejó su ropa en el suelo antes de subir a la
cama al lado de Yoochun. Pasó el edredón por encima de ambos y entonces agarró
y tiró de Yoochun a sus brazos.
Empujó
una de sus piernas entre las de Yoochun y puso un brazo en su cintura y una
mano sobre su corazón. Él acarició la cabeza de Yoochun mientras esta se
apoyaba en su brazo. No podía creer que después de todos estos años Yoochun
finalmente estuviera en sus brazos.
—Te
amo, Yoochun —murmuró en voz baja en el cabello del hombre. Junsu cerró los
ojos y se quedó dormido, las fantasías de su futuro con Yoochun bailaban en su
cabeza.
Junsu
sintió que alguien lo sacudía. No quería despertar todavía. Estaba demasiado
cómodo. —Vuelve a dormir, bebé, es demasiado temprano —refunfuñó.
—¡Junsu,
despierta de una puta vez! —gritó alguien cuando él se estremeció de nuevo.
Junsu
abrió apenas los ojos y parpadeó cuando vio a Yoochun sentado delante de él.
Cuando los recuerdos de la noche anterior se arremolinaron en su cabeza, Junsu
se acercó a Yoochun. —Buenos días, cariño —sonrió. No podía esperar para
terminar lo que habían comenzado la noche anterior.
Pero
Yoochun no estaba sonriendo. —¿Qué demonios estás haciendo en mi cama?
Junsu
se incorporó y se acomodó en la cabecera. Se pasó la mano por la cara mientras
trataba de averiguar lo que había ocurrido entre anoche y esta mañana. No era
así como él había imaginado despertar —¿Qué diablos estás haciendo aquí, Junsu?
—preguntó. Yoochun se acercó y golpeó la mano de Junsu que estaba tocando su
cara.
Junsu
vio la cara de Yoochun volverse roja por la rabia. Como Yoochun continuó
mirándolo fijamente, Junsu comenzó lentamente a entender que Yoochun no
recordaba nada de la noche anterior. Él no podía decirle nada. ¿Qué iba a
decirle?
¿Anoche
estabas borracho y me aproveché de ti? Sí, eso empeoraría la situación.
Lo
mejor que podía hacer era salir de allí tan rápido como pudiera. Junsu se
deslizó hacia el lado de la cama y agarró sus pantalones. Se los puso, y sin
saber cómo evitarlo, se puso de pie para abrochar el botón de sus pantalones.
Cuando agarró la camisa, hizo una mueca al escuchar el grito de asombro
horrorizado que salió de la boca de Yoochun.
—¿Qué
demonios ha pasado aquí, Junsu? Dímelo, ¡maldita sea! —Yoochun exigió.
Junsu
no pudo evitar la angustia de sus ojos mientras se giró para mirar el rostro
sorprendido de Yoochun. —No pasó nada, Yoochun —susurró con una desesperada esperanza
de que Yoochun lo creyera—. Tú estabas borracho y te traje a casa. No pasó
nada.
—¿Entonces
por qué diablos estabas en la cama conmigo, y por qué estás desnudo?
Junsu
dio un paso atrás cuando Yoochun se puso de pie y comenzó a acercarse al borde de
la cama. Fue entonces cuando Yoochun pareció darse cuenta de que él también
estaba desnudo. El corazón de Junsu se encogió en su pecho cuando la cara de Yoochun
se llenó de angustia.
Él
debería haber sabido que había sido demasiado bueno para ser verdad. Yoochun
nunca lo amaría, y él tenía que haberlo sabido. La noche anterior no había sido
nada más que un sueño. Esta mañana se estaba convirtiendo en una pesadilla.
Miró
con impotencia a Yoochun cuando este se giró para mirarlo de nuevo. —¿Qué me
has hecho? —susurró Yoochun antes de girarse y correr hacia el baño.
Junsu
lo vio correr y lo oyó vomitar. Se giró lentamente y salió de la habitación. Su
corazón seguía latiendo en su pecho, por lo que él supo que todavía estaba con
vida, pero sin duda no se sentía de esa manera.
Yoochun
al parecer estaba tan disgustado con Junsu que estaba literalmente enfermo del
estómago. Ese pensamiento sólo hizo que Junsu deseara no haber atendido el
teléfono la noche anterior. Apretó las manos y clavó las uñas en las palmas
para mantenerse en movimiento.
Bien,
si Yoochun había vomitado después de encontrarse desnudo junto a él en la cama,
eso le dejaba bastante claro que Yoochun nunca sería suyo. Junsu no sabía qué
hacer. Yoochun estaba claramente disgustado con él. También era probable que
ahora lo odiara.
Junsu
no podía culparlo. Él sabía que la última noche no debió sucumbir a las
súplicas de Yoochun, pero él quería al hombre tanto que no pudo resistirse.
Sólo por una vez quería sentirse como si Yoochun también lo quisiera. Él sabía
que no había sido real, pero deseaba que lo hubiera sido. Había fingido que era
así.
Él
no sabía lo que iba a hacer. Yoochun sin duda le diría lo que había pasado a Zuno,
y su hermano iba a estar enojado con él. Nunca les había dicho ni a él ni al
resto de su familia que era gay. Sin Yoochun, no le pareció que hubiera ningún
punto en hacerlo. ¿Por qué salir del armario cuando el hombre por quien quería
salir no le correspondía?
Junsu
llegó a su pequeño apartamento y entró. Miró a su alrededor, aturdido, sin
saber muy bien qué hacer. Se sentía como un muerto en vida. No se sentía triste
ni feliz. Simplemente no sentía nada. Se preguntó si alguna vez volvería a
sentir algo. Lo único que le decía que todavía estaba vivo, era el latido de su
corazón roto.
Junsu
entró en un estado de estupor mientras recogía algo de ropa y artículos
personales y los apilaba en una bolsa de lona. Dejó caer la bolsa en la puerta
principal, junto con su computadora portátil. Fue hacia el armario del
dormitorio y bajó una caja de cartón de tamaño mediano.
Llevó
la caja a la cama, se sentó y miró hacia adentro. Tantos recuerdos, tantas
pequeñas cosas. Agarró una pluma de su mesita de noche y escribió una breve
nota antes de dejarla caer en la caja y cerrar la tapa. Escribió el nombre de Yoochun
en la parte superior en letras grandes y negras antes de tomar la caja y
llevarla a la sala de estar.
Con
una última mirada lamentable a la caja, él la puso al lado de la puerta
principal. Junsu miró alrededor de su casa una vez más. No quedaba mucho. La
mayor parte de sus cosas ya estaban empacadas y apiladas junto a la puerta.
Sólo le quedaba empacar unos pocos elementos. Eso le tomó menos de media hora.
Apiló
todas las cajas restantes al lado de la puerta principal, donde su madre podría
encontrarlas fácilmente. Registró el apartamento por última vez para verificar
cualquier cosa que pudiera haber dejado atrás antes de dirigirse a la puerta
principal.
Con
su maleta y unas cajas embaladas en su coche, Junsu subió a su auto y condujo
hasta un cajero automático. Retiró 200 dólares, y después fue a la casa de sus
padres. Todavía era temprano, ni siquiera eran las ocho de la mañana, pero
sabía que su madre estaría despierta. Durante el tiempo que podía recordar,
ella nunca dormía pasadas las siete de la mañana.
Abrió
la puerta de la cocina en silencio, con la esperanza de no despertar a su
padre. Junsu no tenía ganas de enfrentarse a él en esos momentos. Como sabía que
sería, se encontró con su madre ante la mesa del desayuno con su taza de té de
la mañana.
—¿Junsu?
¿Qué estás haciendo aquí tan temprano? —Mi-suk preguntó cuándo vio a Junsu entrar por la
puerta.
—Hola,
mamá, yo sabía que ibas a estar levantada, sólo quería hablar contigo sin nadie
más alrededor. —Junsu sabía que no iba a gustarle lo que tenía que decir, pero
si alguien lo podía entender, esa persona sería ella.
—Mira,
mamá, ha surgido algo y tengo que salir temprano. Aquí está la llave de mi
apartamento. Todo está empacado y apilado junto a la puerta principal. ¿Crees
que papá y tú podréis ir y recogerlo? ¿Tal vez ponerlo en el garaje hasta que
yo pueda hacer los arreglos necesarios para llevármelo?
—Bueno,
seguro hijo, pero ¿qué está pasando? ¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte?
—No,
mamá, es algo que tengo que trabajar por mi cuenta. Sólo necesito algo de
tiempo para entender todo esto. Sólo… —Junsu apoyó los codos sobre la mesa y
hundió el rostro entre las manos mientras las lágrimas se formaban en sus ojos.
—Junsu,
dulzura, ¿qué es? Seguramente nada puede ser tan malo. —Mi-suk se levantó rápidamente y caminó alrededor de
la mesa para envolver sus brazos alrededor de Junsu.
Junsu
envolvió sus brazos alrededor de la cintura de su madre y hundió la cabeza en
su vientre mientras lloraba, grandes sollozos sacudían su cuerpo. Deseaba ser
un niño otra vez y que su madre le diera un beso y alejara todo el daño. Sintió
cómo todo su mundo se derrumbaba a su alrededor.
Los
sollozos de Junsu estaban menguando. Se echó hacia atrás y agarró una
servilleta para limpiar su cara, entregando una a su madre cuando vio las
lágrimas en su rostro. Se sentía mal por haber hecho llorar a su madre.
—Lo
siento, mamá, no quise hacerte llorar. Yo sólo quería… yo sólo… infiernos, no
sé lo que quería.
—Querías
un poco de consuelo, Junsu… y deja de maldecir —dijo Mi-suk —. ¿Puedes decirme
qué ha pasado? A veces ayuda hablar de ello.
Junsu
negó con la cabeza. —No, yo no estoy dispuesto a hablar de ello. No sé si
alguna vez lo haré. Me duele demasiado.
—¿Es
por la persona que amas? —preguntó Mi-suk vacilante.
Junsu
levantó su cabeza, y miró a su madre en estado de shock. —¿Tú sabes eso? —Por
supuesto que lo sabía. Yoochun había dicho eso exactamente, pero ¿ella sabría
el hecho de que Junsu no estaba enamorado de una mujer, si no de un hombre?
Mi-suk
sacudió la cabeza. —No exactamente. Sé
que estás enamorado de alguien, pero no creo que todo vaya bien. Se supone que
estar enamorado no hace daño. Y sé que ha estado sucediendo desde hace bastante
tiempo, años, de hecho.
—’No
va bien’. Sí, supongo que se podría decir eso. —Junsu se echó a reír
amargamente.
—¿Qué
pasó? —le preguntó Mi-suk mientras
caminaba de vuelta a la mesa para sentarse.
Junsu
miró a su madre durante varios minutos mientras decidía qué cantidad decirle.
Su madre siempre lo había entendido. De hecho, ella era su fan más grande, pero
no sabía cómo iba a tomar sus noticias.
—Mamá,
estoy enamorado de alguien que no me ama. He estado enamorado durante muchos
años de esa persona, pero no me quiere de la misma manera. Yo nunca voy a
tenerla. Las cosas llegaron a un punto en el que creo que es mejor si me tomo
un tiempo antes de que mi cabeza explote. Eso es todo.
—¿Es
porque eres gay? —Mi-suk preguntó.
—¿Sabes
que soy gay? —preguntó Junsu, sorprendido de que su madre lo supiera. Pensó que
lo había escondido muy bien todos estos años.
—Oh,
querido, por supuesto que lo sé. Siempre lo he sabido. ¿Qué? ¿No crees que una
madre pueda saber esas cosas? —Se rió suavemente.
—¿Papá
lo sabe? —Junsu le preguntó con temor.
—Por
supuesto que lo sabe. Pero no nos importa. Nunca nos ha importado. Sólo
queremos que seas feliz.
—¿Qué
pasa con Zuno y Ji-min ? ¿Lo saben? —Junsu empujó una mano temblorosa por su
cabello.
—No
creo que Zuno lo sepa, y Ji-min no tiene
ni idea. Ella está demasiado metida en la relación con su actual novio.
—¿Cuánto
tiempo hace que lo sabéis? —Él volvió a mirar a su madre.
—Desde
que encontré la colección de pornografía en tu cama cuando tenías diecinueve.
Fue un poco difícil pasar por alto el hecho de que todos ellos eran hombres y
no mujeres.
—¿Y
nunca dijiste nada? ¿Por qué no me dijiste nada? —preguntó con incredulidad.
—Bueno,
tu padre y yo pensamos que nos lo dirías cuando quisieras que lo supiéramos.
Hasta entonces, era tu asunto. —Mi-suk se quedó callada por un momento mientras
miraba a Junsu superar el shock de que ella lo supiera—. Cariño, ¿ese es el
problema? ¿Tenías miedo de que no lo entendiéramos?
—No
—Junsu sacudió la cabeza, lamentándose—. Me gustaría que fuera así de fácil. Es
sólo que no me ama. Tuve la esperanza durante un tiempo, años de hecho, de que
tal vez algún día lo hiciera, pero ahora sé que nunca lo hará. Yo debería
haberlo sabido mejor. Ni siquiera es gay.
—Oh,
cariño, lo siento.
—Mira
mamá, tengo que irme. Tengo que estar en marcha antes que el tráfico se haga
demasiado pesado. Te llamaré en cuanto pueda, ¿de acuerdo? —preguntó Junsu
mientras se ponía de pie.
—¿Es
esto realmente lo que quieres, Junsu?
—No,
esto no es lo que quiero. No puedo tener lo que quiero, pero esto es lo que
tengo que hacer.
Mi-suk
asintió tristemente. —Está bien, hijo,
si eso es lo que quieres. Pero recuerda, si hay algo que necesites, lo que sea,
tu padre y yo estaremos aquí.
—Lo
sé, mamá, y gracias. Pero esto es algo que tengo que hacer por mi cuenta. Creo
que si estoy lo suficientemente lejos para no verlo todo el tiempo, tal vez sea
capaz de seguir adelante. Al menos es una esperanza. —Junsu trató de no
parpadear y darle una sonrisa de esperanza a su madre, pero supo que no lo
había conseguido cuando vio lágrimas en sus ojos de nuevo.
—Por
favor, sé feliz, Junsu, donde quiera que vayas. Recuerda que tú siempre tendrás
una casa aquí, sin preguntas. —Mi-suk caminó hacia Junsu y le dio uno de sus famosos
abrazos de mamá—. Te amo, Junsu, y estoy muy orgullosa de ti. Tú eres un hijo
maravilloso.
—Gracias,
mamá, También te amo. Me gustaría no tener que irme pero… —dijo Junsu mientras
abrazaba a su madre de nuevo.
—No,
cariño, tú haz lo que tengas que hacer. No te preocupes por mí. Voy a estar
aquí cuando me necesites, ¿de acuerdo? —Mi-suk le aseguró y lo acompañó hasta la puerta.
—Gracias.
¿Podrías decirles a los demás que los quiero y que lamento tener que irme sin
decir adiós?
—Claro,
hijo. Hazte cargo de lo que tengas que hacer, y yo me encargo de las cosas
aquí. Cuídate y llámame tan pronto como te sea posible.
—Lo
haré. Te amo, mamá —susurró Junsu de nuevo inclinándose y besando a su madre.
Ella era realmente la mejor madre del mundo.
—Adiós
bebé —Mi-suk saludó con la mano cuando Junsu
subió a su auto y se alejó. Ella lo vio conducir por la calle y alejarse de su
vista, sintiendo dos brazos grandes envolverse por la espalda alrededor de su
cintura. —¿Lo has oído? —preguntó a través de las lágrimas que obstruían su
garganta.
—Sí,
lo he oído. Nunca fue de hacer las cosas de la manera más fácil —dijo Sang- Woo
mientras abrazaba a su esposa—. ¿Sabes de quién está enamorado Junsu? —preguntó
Sang- Woo.
—Yoochun.
—¿Yoochun?
¿Él está enamorado de Yoochun? Creo que dijo que el chico del que estaba
enamorado era heterosexual —preguntó Sang- Woo con confusión.
—Junsu
cree que lo es. Si realmente lo piensas, ¿cómo iba a suponer algo diferente? No
es como que pasaran mucho rato juntos, y Yoochun no lleva a nadie más que a
mujeres a la casa si es que trae a alguien. ¿Alguna vez le has oído decir que
es gay? Yoochun nos lo dijo a nosotros, pero nunca se lo dijo a Junsu. Yo ni
siquiera pienso que lo sepa Ji-min .
—¿Qué
vas a hacer? Tal vez Junsu no se iría si lo supiera.
—No,
no nos corresponde decírselo a Junsu. Me gustaría, pero no puedo. Además, sólo
porque Yoochun sea gay, no significa que él se enamorará de Junsu. Eso… eso lo
tienen que trabajar por sí mismos. —Mi-suk se giró en los brazos de Sang- Woo para darle
un rápido beso.
—Ahora
ve a vestirte. Tenemos que ir a recoger las pertenencias de Junsu. —Ella le dio
una palmada mientras caminaba dentro —. Vamos, viejo, empieza a saltar.
—¿Viejo...?
¿Viejo? ¡Te voy a dar viejo, mujer! —gruñó Sang- Woo a su esposa riendo
mientras salía de la habitación, acariciando el culo de ella a su paso.
Continuara

Después de ser un día tan feliz para Junsu pensando que Yoochun le correspondía, zaz! Yoochun enojado y vomitando por pensar que Junsu tuvo sexo con el, pero resulta a que también es gay, entonces que le pasa?
ResponderEliminarGracias
que desepcionante para Junsu como dicen despues de un gusto un susto estoy de acuerdo que Yoochun se haya asombrado pero no que lo tratara asi de esa manera tan bruta lo que le falto fue que lo golpeara y seria el colmo menos mal que tiene apoyo absoluto de sus padres y esa madre se llevara su merecido x llamar viejo a su esposo jajajaja gracias x compartir
ResponderEliminaraayy que lemon tan bonito , me fascino, pero como yoochun que te quejas y como que es gay esono me lo espere .. me fascino a seguir leyendo.
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