CAPÍTULO TRES


Yunho besó las muñecas de Jaejoong cuando las liberó. Lamiendo la piel enrojecida, probó la sal de su sudor, mezclada con los restos
almizcleños del cuero. Jaejoong miraba cada movimiento como si
estuviera esperando que sucediera lo inevitable. Moviéndose una vez más entre sus muslos blancos como la leche, Yunho liberó los tobillos de sus restricciones.
—Ven aquí —dijo abriendo los brazos.
Con un leve quejido, Jaejoong se metió entre ellos.
—Abrázame. Quiero que lo hagas.
Con las palabras susurradas de Yunho, los brazos de Jaejoong lo
apretaron hasta casi provocarle dolor. Los suaves susurros se convirtieron en ligeros sollozos.
—Está bien. Ahora yo voy a cuidar de ti.
Los sollozos sacudieron el cuerpo de Jaejoong, que se convulsionaba casi como si sufriera un ataque de histeria.
Frotando la espalda de Jaejoong por debajo de su descuidada camisa, Yunho susurró:
—Déjalo salir. Las cosas van a ser diferentes, pero para mejor.
Después de una ducha caliente, un Jaejoong más tranquilo se sentó en el sofá y se acurrucó contra Yunho, apoyando la cabeza contra su pecho. Vestido con sus vaqueros y una camiseta prestada,
parecía más cómodo que antes, menos tenso por el contacto cercano.
Con un brazo rodeando al nervioso joven, Yunho comenzó a indagar.
—¿De dónde eres? —tal vez con preguntas sencillas obtendría más información.
—De aquí. De Seúl .
Las respuestas también fueron sencillas. Esto podría llevarle algún tiempo.
—¿Tienes familia  aquí?
—No. Están todos muertos.
—Lo siento. Sé lo que es perder a alguien que quieres —dijo Yunho mientras le acariciaba el pelo.
—No los recuerdo.
—¿Quién te crió?
—Familia  adoptivas.
—¿Una o varias? —no le extrañaba que no estuviera acostumbrado a las muestras de cariño. Entre  Hyun Joong y el sistema de adopción, no le sorprendía que tuviera miedo de todo.
—Seis. Fueron seis.
—¿Cuántos años tenías cuando fuiste adoptado por primera
vez?
—Cinco, creo. Demasiado mayor para ser adoptado con facilidad. Yunho cerró los ojos pensando en el pobre niño, perdido en el sistema.
—¿Cómo eran tus padres adoptivos?
—Yo era desobediente. Tenía que ser castigado. Esa fue la razón
por la que mi último padre adoptivo me vendió a mi Amo. Dijo que él me haría ser obediente.
Yunho luchó por mantener escondida la cólera que sentía.
—¿Cuántos años tenías cuando pasó eso?
—Dieciocho, creo.
—¿No sabías cuántos años tenías?
—Creía que tenía dieciséis, pero mi padre adoptivo me dijo que
tenía dieciocho, porque de otra forma no podría haberme vendido. —El tono de Jaejoong era tan tranquilo, de hecho, como si esa fuera lamanera en que las cosas se suponía que tenían que suceder.
—¿Cómo servías a tu padre adoptivo? Dime todas las cosas que hacías.
—Limpiaba la casa, lavaba el coche, lo ayudaba cuando se bañaba y si era bueno de verdad, me dejaba que se la chupara. Pero eso no ocurría demasiado a menudo, porque yo era malo.
Yunho cerró los ojos contra el escozor de las lágrimas. Había esperado los abusos de  Hyun Joong, abusos graves según lo que le había dicho Yoochun, pero no se había dado cuenta de lo joven que era cuando habían comenzado.
—¿Dónde estaba tu madre adoptiva? ¿Qué hacía mientras tú te... encargabas de las cosas? —su voz vaciló, cuando la bilis subió a
su garganta. Yunho necesitaba saber más sobre el hombre que había abusado de Jaejoong. Necesitaba ponerse en contacto con la policía. Era posible que hubiera otros niños en peligro.
—Estaba allí. A veces miraba. —La voz de Jaejoong sonaba
confusa, como si no se le ocurriese qué más podría estar haciendo ella.
Yunho tuvo que levantarse. Su estómago se agitaba con repugnancia.
—Perdóname, Jaejoong. Tengo que ir al baño. Con la puerta del baño cerrada y el cerrojo puesto, Yunho vomitó lo poco que había tomado en el desayuno.
Incapaz de pensar en comer después de escuchar la historia de Jaejoong, Yunho insistió de todas formas en que el joven comiera.
—Mi estómago está un poco revuelto. Creo que algo me sentó mal. El hecho de que yo no pueda comer, en este momento, no significa que tú no puedas hacerlo.
Jaejoong comía dando minúsculos bocados. Sus dedos picoteaban
en el pollo, mientras su mirada se movía rápidamente entre su plato y Yunho.
Manteniendo un tenso control sobre su estómago y sus pensamientos, Yunho sonreía con cada bocado, tranquilizándolo.
Necesitaba llamar a alguien. Yoochun era policía y aunque trabajaba en homicidios, sabría qué hacer. Debería conseguir más información antes de llamar a nadie. Jaejoong se sentía tan incómodo con gente alrededor que podría ser más fácil conseguir que hablase con Yunho solo.
Ni siquiera estaba seguro de que Jaejoong fuese su nombre verdadero. Seguramente, alguien lo habría estado buscando. El cambio de nombre habría sido una precaución lógica para los que habían abusado de él.
—¿Siempre te han llamado Jaejoong?
Casi dejó caer el trozo de pollo. Con los ojos abiertos como platos, a causa del miedo, se sonrojó y tembló jadeando en busca de aire.
—¿Qué ocurre?
—No debo decirlo.
—¿Tu verdadero nombre?
—¡Jaejoong es mi verdadero nombre! Mi único nombre. ¡Lo dice mi Amo!
Aunque sorprendido por la vehemencia de la voz de Jaejoong,
Yunho simplemente sonrió.
—Pero yo soy tu Amo ahora. Necesito saberlo todo sobre ti.
Sobre todo tu verdadero nombre. Lo necesito para el contrato.
Entonces podré hacerte mío. —No era totalmente cierto, pero Jaejoong no lo sabía.
Su blanca piel alternaba entre el sonrojo y la palidez. Su respiración llegaba en rápidos jadeos, mientras sus manos dejaban caer la comida.
—Lo necesito, Jaejoong. Cualquier Amo nuevo lo necesitaría. 
—el tono de Yunho era duro, casi severo.
—Je… Je… Jejung —escupió la palabra, casi hiperventilando.
—Tu apellido también. —Yunho alzó una mano para apretarle un
hombro.
—Kim Jejung… —dijo con un jadeo, antes de caerse de la silla totalmente desmayado.
Yunho logró moverse lo suficientemente rápido, para impedir que
se golpeara contra el suelo con demasiada fuerza.
—Oh, joder…
—¿Dónde está? —las características sumisas de Junsu no se aplicaban, cuando ejercía de enfermera.
—En la habitación de Karam. Todavía está inconsciente. —Yunho no necesitaba mostrarle el camino. Junsu había estado allí muchas veces, durante la enfermedad de Karam.
Yunho y Yoochun se dirigieron al sofá y Yunho se dejó caer con un
suspiro de alivio. No había sabido qué hacer. Llamar a Yoochun fue la primera cosa que se le había ocurrido.
—Han abusado tanto de él. No sé por dónde empezar.
—¿Te contó algo sobre lo que pasó, cuando estaba con  Hyun Joong?
Poniendo los codos sobre las rodillas, Yunho enterró la cara en sus manos.
—No, me contó cosas de antes. Vivió con una familia adoptiva.
¡El padre abusaba de él mientras la madre miraba!
—¡Oh, no… pobre chico! —Yoochun se detuvo por un momento—. ¿Conseguiste algún nombre?

—No el de la familia  adoptiva, pero sí su verdadero nombre. Es
Jejung, Kim Jejung. —Yunho se enderezó para mirar a su amigo—. Evidentemente, lo amenazaron si alguna vez lo decía. Con algo tan terrible, que comenzó a hiperventilar y se desmayó.
Yoochun sacudió la cabeza.
—Después de lo que  Hyun Joong le hizo, ¿qué podría ser peor?
—No lo sé. Después de todo por lo que ha pasado, no me lo
puedo ni imaginar. —Yunho echó la cabeza hacia atrás, estirando su dolorido cuello. Ese día había resultado muy diferente de lo que había esperado.
—Consultaré los datos con el departamento y veré si pueden
encontrar a alguien con ese nombre, en el sistema. —Yoochun sacó un pequeño cuaderno y un bolígrafo y garabateó algo.
—¿Crees que podrían tener todavía un archivo sobre él?
—Puede ser. Habría estado fuera del sistema por cuánto,
¿nueve, diez años? Yunho sacudió la cabeza.
—Posiblemente, no tanto tiempo. Me dijo que su padre adoptivo
lo vendió a  Hyun Joong cuando tenía dieciocho años, pero que
pensaba que en ese momento tenía dieciséis. El hombre insistió en
que era mayor. Junsu entró silenciosamente en la habitación y carraspeó. Su comportamiento sumiso habitual significaba que la crisis había sido superada.
—¿Cómo está? —preguntó Yoochun mientras ambos hombres se levantaban.
—Bien, su presión sanguínea está un poco alta, pero debería
normalizarse dentro de poco. Dormir es lo mejor para él, en estos
momentos.
Las palabras de Junsu lo tranquilizaron.
—¿Quieres que lo llevemos de vuelta a nuestra casa? —se ofreció Yoochun.
Yunho bajó la cabeza mientras reflexionaba sobre ello. Si Jaejoong
despertaba pensando que Yunho lo había apartado de él…
—No. Siempre y cuando creas que está bien. Estuve de acuerdo
en un contrato de treinta días. Aunque no entiende el concepto, fue la única forma de conseguir que hablase. Podría considerar el ser
enviado de vuelta con vosotros como un castigo.
Junsu sonrió mostrando su aprobación.
—¿Quieres que nos quedemos un rato más? —preguntó Yoochun.
Yunho sólo sacudió la cabeza. Con el subidón de adrenalina
debido a la crisis anterior, en esos momentos solo quería descansar.
—Les haré saber, si averiguo algo más sobre él. —Yoochun le sostuvo la mano durante unos segundos más de un apretón normal, mostrándole su apoyo antes de soltársela.
—Gracias.
—¡Oh, Dios! —Yunho despertó con el sonido de su propia voz. Su
polla palpitaba mientras se corría dentro de una boca caliente e impaciente. Mientras convulsionaba con las secuelas de su orgasmo,
su cerebro registró el hecho de que no estaba soñando
—. ¡Jaejoong!
—¿Te he complacido, Amo? —oscuros  ojos negros  encontraron su mirada durante un breve segundo, antes de que Jaejoong se deslizara de la cama para arrodillarse a un lado.
El joven estaba desnudo excepto por el ancho collar que Yunho le
había visto el primer día en casa de Yoochun.
—Jaejoong, no debiste hacer eso. Tienes que esperar hasta que te
dé permiso. —No debía evitar el tono severo. Si tenía que entrenarlo,
o “reciclarlo” en el caso de Jaejoong, la disciplina tenía que empezar en algún momento.
Jaejoong se estremeció por su tono de voz y, aún de rodillas, se
inclinó hacia delante, hasta colocar la frente sobre el suelo de madera.
—Solo quería servirte.
La visión de su pálido cuerpo contra la oscura madera, tan sumiso, tan dispuesto, hizo que la saciada carne de Yunho se crispara.
Deslizando una mano dentro de sus boxers, acomodó su polla en
ellos. No podía creer que Jaejoong no lo hubiese despertado, cuando se movió a gatas sobre la cama.
Sentado y ahuyentando el sueño de sus ojos, lo miró otra vez.
Las largas y anchas cicatrices, que entrecruzaban la espalda de
Jaejoong, enviaron una ráfaga de compasión a través de su cuerpo.
—Levántate.
Jaejoong se levantó con una lánguida elegancia. Su cuerpo se enderezó y se mantuvo rígido, excepto por su cabeza inclinada.
Más cicatrices, anchas y brillantes franjas de carne, atravesaban
sus costillas. La marca de un latigazo fuera de control, rodeaba su
cuerpo. La circuncidada polla de Jaejoong, flácida, seca y blanda, no mostraba ningún signo de interés en lo que le había hecho a Yunho. El área de la ingle estaba totalmente afeitada, así como las pelotas.
Había varias cicatrices circulares en la región pélvica, quemaduras de cigarrillo o quizás de puro. Parecían demasiado grandes para ser de cigarrillo. Con la lujuria que lo había dominado antes, no las había  notado.
—Date la vuelta.
Más cicatrices, más dolor. Una vez más, Yunho se preguntó si
Jaejoong disfrutaba del dolor o solo se había acostumbrado a él.
La mirada de Yunho subió por la espalda de Jaejoong hasta
descansar en el ancho collar. Demasiado apretado y hecho de áspero cuero, tenía que ser doloroso y probablemente también peligroso. Un collar de uso diario, era una prueba de propiedad, no un método de tortura. Algunos Amos los usaban apretados como un medio para buscar un final más placentero, pero esos eran collares de juego.
Yunho no tenía ninguno de ese tipo. A Karam nunca le había gustado el estrangulamiento erótico. El collar que le encantaba, y con el que fue enterrado, era un aro metálico holgado, sólido y delgado. Al amor de Yunho le encantaba el sonido de la cadena, tintineando en el collar, el roce de metal contra metal. Yunho cerró los ojos contra el dolor que los recuerdos habían despertado.
Al abrirlos, miró fijamente el collar de Jaejoong. Tenía almacenadas algunas cosas de Karam, pero ninguna en casa. De todas formas, no quería que Jaejoong llevara nada de su antiguo Amo.
—Quítate el collar.
Jaejoong se giró para encararlo, con la reticencia marcada en la
frente durante un segundo. Con una vacilación, breve pero real, sus
manos se movieron lentamente. Abrió la hebilla con dedos titubeantes. Un lento rubor comenzó en su pecho, extendiéndose hacia arriba mientras el broche cedía finalmente.
—Ven aquí. Encima de la cama.
En esta ocasión no dudó. Se arrodilló sobre el colchón con la
cabeza inclinada, su lengua salió rápidamente, para mojar sus labios, sus dedos todavía tensos alrededor del collar.
Yunho tendió la mano, esperando el ancho pedazo de cuero, y Jaejoong lo colocó sobre su palma.
—No llevarás un collar hasta que no te lo hayas ganado. El
collar es una elección de tu Amo, no tuya. —Tiró el ofensivo trozo de cuero sobre la mesilla de noche—. Y tú eres mío ahora. Recuérdalo.
Las reglas de tu antiguo Amo no se aplican aquí. Si no estás seguro
de algo, tienes que preguntarme. ¿Entendiste? Jaejoong asintió ligeramente.
—Dilo, Jaejoong.
—Entiendo, Amo.
Yunho extendió la mano para acariciar su pecoso brazo. La frialdad de la carne lo asustó. No creyó que Jaejoong pudiese enfriarse
tan rápidamente.
—¿Cuánto tiempo llevabas ahí, antes de que yo despertara?
—No lo sé, Amo.
—¿Qué estabas haciendo?
—Te estaba mirando, Amo. Esperaba para complacerte.
Yunho cerró los ojos e inspiró profundamente antes de hacer la siguiente pregunta.
—¿Por qué? —aunque ya conocía la respuesta.
—Porque es lo que se supone que tengo que hacer.
Abriendo los ojos, simplemente asintió.
—Métete aquí debajo. —Levantó las mantas para que Jaejoong se
deslizara a su lado.
Su helado cuerpo resultaba frío e incómodo.
—Ven aquí —susurró—. Y relájate. Jaejoong se deslizó más cerca, pero “relajarse” no formaba parte del vocabulario del joven.
Envolviendo el delgado cuerpo entre sus brazos, Yunho suspiró.
Sería una difícil empresa reeducar a Jaejoong. Sin embargo, era algo que esperaba con ilusión por primera vez, desde la muerte de Karam.
Jaejoong intentó mantener los ojos abiertos mientras el calor del
cuerpo de su Amo lo rodeaba. El pánico flotaba en el borde de su
mente. El Amo lo quería allí, en su cama, pero él no entendía el
porque. Habían cambiado tantas cosas.
Junsu le había dicho que el cambio era bueno, que su antiguo Amo
era un hombre malo. Jaejoong nunca había visto que el Señor Yoochun le hiciera daño a Junsu, no como…
El dolor inundó sus recuerdos, los abrasadores golpes del látigo mientras desgarraban su piel, el agudo olor a carne quemada. Un
temor escalofriante yacía, agazapado en sus entrañas, pero no lo dejaría salir. Su nuevo Amo yacía en silencio a su lado. Jaejoong no debía molestarlo.
Todas las preguntas que le había hecho antes lo habían aterrorizado, pero si el Amo Yunho lo hubiese obligado a marcharse, eso habría sido más aterrador. En los pocos recuerdos de su niñez que podía evocar, Jaejoong siempre había estado solo. La mayoría de sus padres adoptivos no le habían prestado ninguna atención. No fue hasta el último de ellos que pareció que alguien se fijaba en él. Al principio se opuso a lo que su padre adoptivo quería, pero al final resultó ser menos doloroso que las palizas. Y entonces el Amo  Hyun Joong… le había prestado mucha atención aquella noche… El Amo Yunho cambió de posición mientras dormía, abrazando más fuerte a Jaejoong.
—Karam… —El susurro fue casi inaudible.
Jaejoong no se resistió al apretón de su Amo. Su cabeza descansó
cautelosamente sobre su velludo pecho. Abrigado y absorto en el
sonido del suave latir de su corazón, Jaejoong no pudo mantener los ojos abiertos durante más tiempo. En sus sueños, el Amo Yunho
susurraba su nombre, con la misma ternura.
Yunho despertó totalmente espabilado. En su sueño, los ojos
oscuros de Karam se volvían de un negro intenso. El cálido cuerpo que estaba a su lado era demasiado delgado para ser el de su amor. Los recuerdos volvieron y Yunho sofocó un sollozo. Como no quería molestar al dormido pelinegro, se movió con cuidado para salir de debajo de su esbelto cuerpo. Sentándose en el borde de la cama, estudió al hombre que dormía.
Tenía unos rasgos casi delicados, una nariz ligeramente respingona , y una boca hermosa. Su aspecto no era impresionante, ni excepcional, pero poseía un aire de inocencia que contradecía el infierno que había vivido, hasta ese momento.
Yunho se pellizcó el puente de la nariz, intentando alejar un
incipiente dolor de cabeza. No estaba seguro de estar en condiciones de hacerse cargo de la tarea de reeducar a Jaejoong. Por lo que sabía, podía ser que el joven nunca fuera capaz de disfrutar del estilo de vida que le habían obligado a vivir. Pero, ¿sería capaz de vivir de otra forma después de tantos años de abusos?
El sol casi se había puesto. Habían dormido toda la tarde.
Deslizándose silenciosamente fuera de la habitación, Yunho se
preguntó si Yoochun habría tenido la oportunidad de averiguar algo
sobre el pasado de Jaejoong. No estaba seguro de que quisiera saber más.
Con un ruido sordo, su estómago le recordó su descuido y su
comida perdida. Vestido solo en ropa interior, Yunho revolvió en los armarios para ver si podía preparar algo de comer. Además de unas clases de cocina, necesitaba un plan de acción, en relación con Jaejoong.
Ensimismado en sus pensamientos, se sobresaltó cuando sonó
el teléfono. Se abalanzó sobre él para cogerlo, no queriendo que
Jaejoong despertara con el ruido.
—¡Hola! —Yunho se estremeció por el agudo tono de su voz.
—¿Te molesto? —Yoochun se rió entre dientes con diversión.
—No, perdona. Jaejoong está durmiendo. No quería que el teléfono
lo despertase.
—¿Todavía duerme? ¿Es necesario que Junsu compruebe su estado
otra vez?
—Estuvo despierto durante un rato. —En realidad Yunho no
quería entrar en detalles acerca de lo que Jaejoong había estado
haciendo—. ¿Has visto sus cicatrices?
—Junsu me habló de ellas. Mal asunto.
—Sí… —Yunho suspiró suavemente—. Cuánto más pienso en ello, más me pregunto si puedo manejar esto. Es tan… le prometí treinta días y se los voy a dar, pero…
—Comprendo. Fui a la comisaría después de dejar tu casa.
—¿Has encontrado algo?
—En octubre de 1992, Jejung Kim Jejung fue puesto en una lista
de los Servicios de Menores como fugitivo a la edad de once años.
Entonces desapareció de los archivos.
—¿Once? —un rápido cálculo mental ponía a Jaejoong en los
veinticinco años. Si había estado con  Hyun Joong durante nueve,
entonces tenía dieciséis cuando fue vendido, tal como Jaejoong
pensaba—. Recuerda seis familia adoptivas. Estaba con una de ellas cuando tenía dieciséis años. Esas familias no pudieron estar en el sistema de adopciones si fue puesto en la lista como desaparecido en el 92.
—He llamado a Víctimas Especiales. Esto es asunto suyo, pero vendré con ellos para entrevistarlo.
—¿Cuándo? No sé si es lo suficientemente estable para manejar
la presión. Se desmayó cuando lo obligué a decirme su nombre. — Yunho no estaba seguro de que fuera una buena idea. Quizás deberían esperar.
—Cuanto más tiempo esperemos, más niños podrían estar en peligro.
—¿Me estás leyendo la mente, Yoochun?
—Mira, sé que esto va a ser difícil, pero tiene que hacerse. No creo que las familia  adoptivas sean tan difíciles como  Hyun Joong. Necesitamos hablar con Jaejoong sobre eso también, ya que parece que  Hyun Joong lo tomó cuando era un menor. Y él debería saber a quién le pagó. Por supuesto, la parte difícil es convencer a un jurado de que no fue de mutuo acuerdo.
—Sí, va a ser difícil. Él no cree que nadie haya hecho algo
incorrecto. Ha sido condicionado para creer que es un esclavo para el placer de su Amo y nada más. Para él, no ha pasado nada inusual. —Yunho frotó la palma de la mano contra su frente. La cabeza estaba empezando a estallarle de dolor—. ¿Cuándo?
—Mañana por la mañana. Pasaremos por allí, para no traumatizarlo llevándolo a la comisaría. ¿A las nueve?
—No estoy seguro de que pueda manejar esto, Yoochun. Quizás
me dejé llevar con Jaejoong. —Entre los inquietantes acontecimientos del día y su dolor de cabeza, Yunho no podía pensar con claridad.
—Seguro que puedes. Eres uno de los más importantes abogados de la ciudad. Puedes manejar cualquier cosa. Además, si nosotros no nos encargamos de esto…
—Ya sé. Ya sé. Tengo que hacerlo. Gracias por todo. —Yunho
cortó la llamada antes de que Yoochun tuviera ocasión de decir algo más.
Una vocecilla egoísta, dentro de su cabeza, le advertía que esto
podría sacar a la luz su vida privada. Sus socios, en el despacho de
abogados, sabían que era gay, pero solo uno conocía la otra parte de su estilo de vida. Si este asunto salia en los periódicos, podría causar un daño irreparable a la reputación del despacho.
Yunho sacudió la cabeza y se apoyó sobre la mesa. Al cerrar los
ojos se le apareció una cara triste y blanca. Tenía que ver todo el
asunto en su totalidad. Otros como Jaejoong, probablemente estaban en algún lugar, ahí fuera.
El despacho sobreviviría. Él podía retirarse. Había pensado en ello muchas veces. Por lo menos buscar a las abusivas familias adoptivas y ver a  Hyun Joong tras las rejas, era un objetivo mejor que renunciar a vivir. La decisión lo hizo abrir los ojos, para ver a Jaejoong desnudo, de pie en la puerta del dormitorio. Yunho intentó sonreír al desconcertado joven.
—¿Has dormido bien?
Jaejoong tragó con fuerza y asintió.
—Sí, Amo.
Su negativa a llamar a Yunho de otra forma que no fuera Amo
iba a plantear dificultades al día siguiente.
—Tenemos que hablar, pero antes necesitamos encontrarte algo
de ropa.



continuara


5 comentarios:

  1. dios que vida, que vida...................

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  2. pobre jae sufrió mucho pero yunho encontrara a esos que lo lastimaron y los ara pagar por ello encierralos yunho y que no salgan nunca

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  3. Jae en verdad ha sufrido mucho y será difícil que el piense que su vida es de otra manera... Pero Yunho lo lograra, eso es seguro y además quizás puedan ayudar a más niños de esas bestias que se dicen ser padres o amos...
    Gracias

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  4. Espero que se haga justicia y encuentren a esos desgraciados que le hicieron daño primero y que Yunho no se rinda el puede cambiar a Jaejoong para bien

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